MANGA DE HIPPIES
"En la pandemia estaba feliz porque uds. no existían y pensé que no iba a tener que soportarlos mas, pero ahora no voy a parar hasta que cierren", dijo la Señora Muy Aseñorada, haciendo una pequeña pausa para esperar el contraataque de sus interlocutores, intentando intimidar con los ojos tiesos bien abiertos, cual Diegote en el mundial 94 festejando el gol contra Grecia. Los destinatarios de su odio se miraron sorprendidos tocandose la barbilla, devolviendole un silencio pacifico que removió sus mas antigüos y sentidos recuerdos de juventud. La Señora muy aseñorada quedó perpleja por un par de segundos, ésta manga de hippies, como previamente los había llamado, realmente no buscaban una discusión violenta. Pensó rápido y cuando se vió vulnerable al buen trato y las buenas intenciones redobló su esfuerzo por contagiar su sentimiento de ira.... "lo que hacen no tiene ningún valor cultural, ponganse a laburar en vez de perder el tiempo, yo a la edad de uds..."; "dejalos, no te gastes, no tiene sentido, vamos a denunciarlos y mandarlos a controlar todas las veces que sea necesario hasta que tengan que cerrar, manga de hippies...", la interrumpió su partener, el Sr. Sinson Risa.
Los habitantes de la antigüa Casona no entendían lo que sucedía, habían realizado una visita amistosa en la que hablaron con respeto y honestidad respecto a sus sueños, proyectos e intenciones de una sana, armónica y pacifica convivencia, invitaron a la Sra. Muy Aseñorada y el Sr. Sinson Risa a compartir, participar, sugerir, disfrutar o simplemente acercarse amablemente a su conocer la Casa que habitaban, la cual no les pertenecía sino que formaba parte de una gran comunidad a la cual podían sumarse; sin embargo ante el desconcierto, las loables pretensiones de amabilidad reciproca mutaron rápidamente a un ferviente deseo de respeto y no injerencia.
Los bizcochitos sin tocar volvieron estupefactos dentro de la bolsa en el trayecto de 80 metros que separaban la apatía de la Casa, y la desesperanza se plantó en los cuores de quienes habían intentado el acercamiento, dejando la sensación de que solo con mucha creatividad y perseverancia se podría revertir la situación. Cuenta la leyenda que la misma sensación y un enorme vacío quedó latente en el alma de la Sra. Muy Aseñorada y Don Sinson Risa, quienes desde ese día abandonaron para siempre el deseo de disfrute colectivo. Sin embargo, cada tanto se encuentran en el plano onírico bailando en un hermoso salón de principios del siglo XX, compartiendo una apasionada conversación, apreciando una bella melodía, sumergiendose en un cuadro, enamorandose de la vida en un abrazo fraternal con la cultura y la otredad....
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